«TENGO ALGO QUE DECIRTE»: Reflexión maternal (dos tiempos)

Cuántas veces no escuchamos decir que los hijos no son nuestros, que debemos darles lo necesario para que echen sus alas a volar, para que sean hombres y mujeres de bien, para que cumplan sus sueños. Así sucede. Algunos hijos lo hacen viviendo en casa y otros se van. 

Nadie nos enseña a ser madres y padres. No hay manual; y a prueba de errores y logros, vamos dando lo que podemos en esa incógnita eterna de no saber si está bien. Queda esperar ver los frutos en un futuro desconocido, en esas sorpresas que vendrán y no sabemos cuándo. 

Bajo ese contexto, debemos estar fuertes, hacerles saber a nuestros hijos que su hogar (más no la casa), los espera siempre con brazos abiertos y que estamos con ellos. Me refiero a entender que lo que pudimos dar o no, se queda ahí y no se puede hacer más. Ofrecerles opinión cuando lo soliciten y demostrar que estamos orgullosos de lo que hicimos en su momento y lo que son. 

Nadie nos dice que este proceso duele. Ese vacío, duele. Es un dolor distinto; no es de duelo, no es de pérdida, no es de abandono… es un dolor que nace en el estómago y aprieta el corazón, que ahí se queda instalado lleno de recuerdos y nostalgia; un dolor al que no pedimos palabras de consuelo sino sólo un buen abrazo silencioso; un dolor que a veces desespera; un dolor de expectativa hacia lo nuevo; es un dolor feliz. 

Y por ese dolor feliz: Empieza a enojarme el tiempo. 

El tiempo cuando los tenía entre mis brazos sonriendo al suspirar cuando dormían

El tiempo que se atora en la garganta

El tiempo de saberlos lejos y más cerca que nunca

El tiempo de decisiones que marcan la vida

Me enoja el tiempo camino a la escuela escuchando sus canciones preferidas

El tiempo de silencios

El tiempo de enojos que se curan con un beso

El tiempo de lluvia y café

El tiempo de darse topes contra la pared

El tiempo para disfrutar una buena comida

Me enoja el tiempo de circo, futbol, danza y teatro 

El tiempo compartido

El tiempo acurrucado

El tiempo de protección ante la envidia 

El tiempo cansado

El tiempo de logros, brincos y siestas

El tiempo de mar

El tiempo de potrero

El tiempo interminable de risas y viajes 

El tiempo de baile y canto en el tráfico inamovible 

El tiempo de chistes y larvas en el piso. 

El tiempo que se acaba 

En fin, me enoja el tiempo que se va; 

el que hoy guardo en mi vida como lo más preciado

Sólo queda esperar el nuevo tiempo.

El que regresa distinto

Ese que necesito con tantas ganas

Ese que no duda en saberlos y tenerlos a pesar de la distancia

El que encuentra una caricia en el alma

Ese nuevo tiempo lleno de amor incondicional,

el que nunca termina

El que los espera,

a toda hora,

algún día…

El que los ama. 

Citlalli Berruecos. Tiene estudios de Sociología en la UNAM y la Universidad Complutense de Madrid, España. Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesa, UNAM. Maestría en Educación con especialidad en Educación a Distancia, Universidad de Athabasca, Canadá. 

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