«POLÍTICA DE LO COTIDIANO»: Nuestras futbolistas

Crecí viendo futbol solo por acompañar a mi papá, no es que me interesara mucho lo que pasara en la cancha, aunque aprovechaba para preguntarle cosas sobre algo que a él le apasionaba tanto.

Recuerdo algunas imágenes, pero sobre todo la enjundia de ciertos cronistas como Ángel Fernández, quien acuñó la frase “¡el juego del hombre!”. En ese momento no me cabía duda que los hombres eran los dueños de ese deporte y esa oración lo representaba. De paso “hombre” era también sinónimo de “humanidad”. El futbol era para los hombres y ese juego masculino representaba algo supremo para la humanidad.

A muchas niñas les ha gustado siempre jugar futbol y otros deportes, pero mucho tiempo se les estigmatizó como “machorras” a quienes tuvieran esos intereses. Ya como adulta, me tocó atestiguar cierta batalla de mamás de mi generación para defender que sus hijas jugaran futbol y fueran respetadas en esa preferencia, ya sea en los juegos entre compañeras y compañeros o en escuelas de ese deporte. Así se fueron incorporando las mujeres a jugarlo en las últimas décadas, hasta que finalmente en julio pasado inició el primer Torneo de la Liga Mexicana de Futbol Femenil que tendrá 14 jornadas.

Han convergido muchos movimientos para llegar a este punto, la incorporación de las mujeres a ámbitos considerados antes exclusivamente masculinos (digo esto y cuesta creer que todavía hay que seguir “inaugurando” estos espacios ya entrados en el siglo XXI), y los aspectos comerciales en la búsqueda de ampliar mercados del negocio llamado futbol. En cuanto al primero, poder mirar a las mujeres a este nivel, desde luego que ayuda a ir rompiendo los estigmas de que hay deportes y actividades exclusivas para hombres, y que la fuerza, la destreza y la competencia pueden ser atributos de cualquier género o persona.

En cuanto al aspecto comercial, hay varias diferencias propias de una liga que empieza, como el hecho de que la entrada a los partidos sea gratuita o no se transmitan en medios comerciales y que sus salarios sean bajos. Pero el peso empresarial y machista del espectáculo se va poniendo peor.

En la rueda de prensa que anunciaba el inicio del Torneo (Mujerfutbol.com, mayo 2017), la comentarista deportiva Ale Padín dijo al respecto: “Hay que evitar a toda costa caer en el feminismo exacerbado”. Y luego están las misóginas y discriminatorias condiciones de sus contratos: no pueden embarazarse, ni hablar de sus preferencias sexuales y, no por escrito, pero advertido, fuera de la cancha deben lucir bonitas y no pueden tener actitudes demasiado masculinas (Marca, 20 de julio, 2017).

A esto hay que agregar los comentarios machistas en redes, que muestran la gran resistencia al que tanto tiempo fue en el imaginario “el juego del hombre” pierda esa condición esencialista y se vuelva un juego de personas capaces de jugarlo. Suma también la reproducción del grito homofóbico, que en femenino agrega discriminación, cuando se empieza ya a gritar a la jugadora visitante el “ehhh, puta”.

Con estas contradicciones inicia este Torneo, celebro la oportunidad de ver a las mujeres rompiendo estereotipos y el impacto social que esto tenga, pero es demasiado fuerte la cultura machista que priva en la cultura-negocio futbol, por lo que ahí también habrá que seguir trabajando con las voces inteligentes y feministas que también empiezan a destacar en el medio.

Adriana Segovia. Socióloga por la UNAM y terapeuta familiar por el ILEF. 

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