«COLUMNA INVITADA»: Acompañadas por la violencia

Crecimos con el paradigma de que la familia sostiene a la sociedad mexicana en su conjunto, que este entramado de relaciones es tan sólido que nos cobijará en todo momento, pero ¿qué pasa con estas familias, puertas adentro, en el ámbito de lo privado, cuando el vínculo que las une está roto y es ahí donde se genera la violencia?

Hace unos días, el INEGI presentó la edición 2016 de la “Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares” (ENDIREH), en donde se muestra que de un total de 46.5 millones de mujeres mayores de 15 años, alrededor de 30.7 millones, es decir el 66.1% han padecido al menos un incidente de violencia durante su vida.

Hay que subrayar que la historia se repite, pues en la entrega del 2011 este instrumento reveló un porcentaje de 67; es decir, los números son prácticamente iguales, la violencia parece ser inamovible. La proporción permanece 5 años después: 7 de cada 10 mujeres son víctimas de violencia.

La violencia de pareja es la modalidad más común en nuestro país, casi la mitad de las mujeres la han sufrido (47% según datos del propio INEGI en el 2011), sumando un total de 31 millones 994 mil 308 casos. En este año el instituto señala un nivel que alcanza el 43.9% y de nuevo los avances parecen inexistentes.

Sin duda, la violencia física es la más visible por las secuelas que deja y de acuerdo con este estudio, un total de 34% de mujeres la han vivido. Ahí las consecuencias han ido desde marcas en la piel hasta el fallecimiento de algún miembro de la familia.

Según este documento, 83.3% presentaron moretones o hinchazón, 10.8% la pasaron peor, ya que perdieron dientes, presentaron múltiples quemaduras o cortes en la piel; 14.4% tuvieron fuertes hemorragias después del incidente, mientras que 8.7% terminaron con fracturas, 7.9% sufrieron un aborto o tuvieron un parto prematuro, 7.4% fueron contagiadas de alguna enfermedad de transmisión sexual, 7.2% presentaron sangrados vaginales, en tanto que 6.3% quedó con alguna parte de su cuerpo inmovilizada ya sea temporal o definitivamente, mientras que en el 3% de los eventos de violencia algún familiar resultó lesionado, y en 0.8% los resultados son devastadores, ya que algún integrante perdió la vida a causa de ello. Y es que se gesta al interior de la familia, en el círculo más íntimo, con la persona más cercana.

Los números anteriores muestran las consecuencias más graves y en algunos casos últimas de la violencia, pero estas condiciones se generan con anterioridad y van en aumento. La propia ENDIREH 2011 muestra esos comportamientos como una especie de aviso de la magnitud del fenómeno.

En este documento se muestra el control que muchas veces es ejercido dentro de la relación y cómo permea en casi todas las actividades y decisiones de las mujeres.

Un rubro importante es el trabajo remunerado, pues 3 millones 505 mil 020 mujeres pidieron permiso a sus parejas para laborar; 13 millones 539 mil 499 le avisaron o solicitaron opinión y 123 mil 030 mujeres no pueden ir solas a sus centros de trabajo.

Algo tan cotidiano como las compras también requiere de autorización en 1 millón 780 mil 604 casos; 13 millones 332 mil 532 sólo avisan, en tanto que 2 millones 261 mil 158 deben ir acompañadas por su pareja. Visitar a familiares o amigos también es un tema a discutir, 2 millones 563 mil 074 solicitan permiso; 14 millones 823 mil 643 avisan; un millón 997 mil 360 sólo pueden asistir si van con su compañero, mientras que 458 mil 045 prefieren no hacerlo.

Para ser parte de alguna actividad política o vecinal 2 millones 233 mil 496 piden permiso; 10 millones 253 mil 351 solicitan la opinión de su pareja; 13 millones 911 mil 775 “no tienen que hacerlo”; 357 mil 054 no pueden ir solas y 3,235,302 optan por no participar.

En 696 mil 995 casos, el voto no es libre ni secreto, pues debe ser la pareja quien así lo permita; 3,238,531 son previo consenso, 24,785,018 no tienen que votar, 364,953 deben ir acompañadas a las urnas y 2,134,357 deciden no ir.

La imagen de estas mujeres también debe ser aprobada en su totalidad, por eso los cambios deben ser previa autorización en 1,536,417 casos; 8,911,270 piden opinión antes de tomar una decisión y 747,611 prefieren continuar igual. El círculo de estas parejas es muy cerrado, tanto así que para hacer nuevas amistades 1,277,176 piden permiso; 5,642,309 primero piden opinión, 23,605,953 “no deben hacerlo” a decir de sus cónyuges; 90,651 no pueden ir solas; 1,155,166 simplemente no lo hacen y 223,053 no ven la utilidad de ampliar su grupo de amigos.

Un aspecto positivo a destacar es que dentro de esta gran violencia ejercida hacia las mujeres por parte de sus parejas, esta vez el 20% pidió ayuda, denunció a su agresor o bien emprendió ambas acciones.

A una década de la “Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”, de miles de millones de pesos destinados a la equidad y el combate a la violencia de género, la realidad de las mujeres parece no haber cambiado.

Los indicadores son claros, no hay avances en esta materia. Y es que vemos que la violencia hacia las mujeres es permanente, sistémica y está enquistada en la sociedad. Ahora sólo podemos preguntarnos si habrá forma de enfrentarla, de tener resultados reales, de que no sean 7 de cada 10 mujeres víctimas de violencia. 

Georgina Juárez Lledias. Colaboró en el suplemento cultural “El Búho”, publicado en el diario Excélsior y dirigido por René Avilés Fabila. Además, habitual colaboradora de suplementos culturales en Milenio Diario. Autora del libro digital “Alerta Femenina”, encaminado a difundir los derechos de las mujeres ante las distintas formas de violencia. 

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