«MIRADA GLOBAL»: Millones de mexicanas entre la violencia

Además de indignarnos, la pregunta que todos nos deberíamos de responder es: ¿Qué puedo hacer como habitante de este país para contener la violencia de género? Las cifras dadas a conocer por el INEGI son escalofriantes: seis de cada 10 mexicanas de 15 años y más han sufrido algún tipo de violencia. En números redondos, de 46.5 millones de mujeres en ese espectro de edades, 30.7 millones han padecido alguna vez en la vida –por lo menos– un incidente violento con la pareja, la familia, comunidad, escuela, trabajo.

No es de extrañar que según el Instituto Nacional de las Mujeres se ha declarado Alerta de Género (por el número de feminicidios) en 12 entidades del país, pese a la resistencia de las autoridades. Resistencia porque efectivamente habla muy mal de los gobernantes en turno.

Los datos duros del INEGI provienen de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares. En 2003 se hizo la encuesta de este tipo para saber la prevalencia de este mal social que carcome y lastima profundamente.

Ya sabemos que la violencia de género se enmascara y es difícil de detectar por quien la sufre. Tan real es que solo un 9.4% la denunció. El 49% es violencia emocional (celos, aislamiento, descalificaciones, humillaciones), le siguen las agresiones sexuales con 41.3% (desde comentarios lascivos, manoseos, persecución física hasta violación), 34% ha sufrido agresión física, 29% violencia económica, patrimonial…

La Ciudad de México es la entidad con el mayor número de agresiones hacia la mujer. Le siguen el Estado de México, Jalisco, Aguascalientes y Querétaro.

Lo primero que hizo el jefe de gobierno de la CDMX fue enfatizar que “habría que tomar en cuenta que la capital del país no solo se conforma por sus 9 millones de habitantes, sino por 7 millones más de población flotante”. Como digo, los datos siempre causan escozor a los gobernantes en turno. 

Recién leí un artículo del escritor español Javier Cercas titulado “Feminismo salvaje” (El País). El autor dice que las mujeres que luchan contra la violencia de género de manera extrema –despectivamente llamadas “feminazis”– se ven realmente moderadas ante todo contra lo que hay que luchar. Sí, la violencia contra las mujeres está enquistada como larva en un pantano. ¿Hay solución inmediata, por dónde comenzar a atacarla? Porque además de enfurecernos con los datos, lo mejor sería comenzar a actuar desde nuestra casa: los machos, como la violencia, no surgen por generación espontánea. Se gestan entre cuatro paredes y un silencio ominoso. Machacar hasta el cansancio a nuestros hijos e hijas, las distintas formas de agredir, discriminar, sobajar… porque el ambiente externo en un país con estos niveles de violencia de género nos lleva muchas veces a comenzar de cero.

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