“Turismofobia” en el verano español

Francia, Estados Unidos y España son los países con mayor afluencia turística en el mundo. En los últimos cinco años, el turismo en dicha nación se incrementó 30%. De hecho, el único sector que no sólo sobrevivió a la reciente crisis económica, sino que creció exponencialmente, fue el turístico, el cual representa 11% del PIB español y emplea a más de 2 millones de personas.

No obstante, en contra de lo que podría creerse, la bonanza turística de España ha provocado un efecto negativo entre los habitantes de los destinos más visitados, como Barcelona, Ibiza o Palma de Mallorca. Y es que este verano ha habido ahí manifestaciones de “turismofobia”, protagonizadas por minorías radicales que incluso han atacado propiedades privadas atestadas de turistas, como un yate restaurante en el puerto de Palma.

Y aunque el ciudadano común no participa de esas protestas, sí comparte el malestar, que ha quedado plasmado en muros y pancartas, con leyendas de rechazo como: “Turistas bastardos”, “Turistas, vuelvan a casa” o “Turismo, no gracias / Turista, mantente alejado”.

De acuerdo con especialistas en el sector turístico y social urbano, el malestar del ciudadano común no es hacia los turistas en sí, sino hacia la incompetencia de las autoridades municipales o de gobiernos autónomos que se han visto rebasados no sólo por el aumento de visitantes, sino por las nuevas formas del turismo.

La turismofobia se genera “cuando se rompe el equilibrio o capacidad de carga de un destino turístico porque visitantes y población local comparten recursos limitados y el mismo espacio público”.

En Barcelona (ciudad que ayer mismo sufrió un terrible atentado terrorista), algunos ciudadanos se quejan del ruido, descontrol y abuso de los turistas, con los que se ven obligados a convivir, en los alojamientos temporales –tipo Airbnb–. Debido al boom turístico de la ciudad, también el costo del alquiler en viviendas se incrementó, aunque no el salario de los trabajadores.

Por su parte, los comerciantes se quejan a su vez de las clases medias, que de unos años para acá viajan más debido a los bajos costos de avión y hospedaje, pero no gastan lo suficiente como para generarles ganancias a ellos, pues “comen en la calle o en la playa”.

Este destino, con apenas 1.5 millones de habitantes, recibió a ¡6 millones de turistas! en 2016, pero fue señalado recientemente por el diario británico The independient entre los ocho que más odian a los visitantes.

Al parecer, el debate (ahora mismo candente en toda España) debe centrarse en un nuevo modelo en el que puedan convivir armónicamente habitantes y turistas, con sustentabilidad del entorno y protección al patrimonio local. 

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