«SEXTO SENTIDO»: Feliz a pesar del dolor

3 agosto, 2017

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El embarazo transcurrió perfecto. La familia esperaba a su segunda bebé para estar completa. Sin embargo, al momento del parto algo inesperado pasó. La niña nació muerta, nunca lloró. La madre preguntaba una y otra vez ¿qué pasa?, ¿por qué no llora?

Los médicos intentaban en vano reanimar a la recién nacida. Pero al no obtener respuesta, la dejaron sola, en una fría charola de acero inoxidable. Minutos después comenzaron a escucharse en el quirófano, sonidos como maullidos de gato, ¡era el llanto de la bebé! Los doctores corrieron a verla.

La pequeña fue diagnosticada con hipoxia perinatal por falta de oxígeno y le daban solo un día de vida. Sin embargo, lo que murió en ese momento no fue la bebé, sino una familia. El padre las abandonó, argumentando que por culpa de la madre, la niña había nacido así –como sucede en muchos casos cuando los niños padecen alguna discapacidad–.

Los especialistas encontraron que la niña no contaba con las fibras cerebrales que pasan la información entre hemisferios –cuerpo calloso–, por eso no respiró al nacer. Sarah padece retraso psicomotor generalizado, no puede hablar, aunque escucha y entiende –se desconoce hasta qué grado-, su cuerpo no le responde para poder expresar lo que siente y piensa. Ella vive en silencio. Además, se le encontraron microaspiraciones en uno de sus pulmones por lo que sufre constantes neumonías.

Blanca, sola y con dos hijas que atender, tuvo que trabajar para sacar adelante a su familia. Pero todas las jornadas laborales por muy extendidas y arduas que fueran, no proporcionaban los recursos suficientes para solventar los gastos ante esos frecuentes ingresos hospitalarios de la bebé, ni los medicamentos. Las deudas comenzaron a crecer y crecer, hasta que se convirtieron en una gran montaña. Además de su tragedia personal y familiar, Blanca tenía que enfrentar la persecución de los acreedores.

Decidió simplificar su vida, cambió su residencia por una pequeña casa rentada en una colonia popular y vendió su auto del año. Aunque ella es diseñadora de profesión, estuvo vendiendo coches por un tiempo, pero tuvo que dejar ese empleo porque se la vivía en los hospitales, la niña enfermaba con frecuencia.

Entonces decidió hacer ropa médica para venderla ahí entre los doctores y enfermeras. Pero tenía que invertir mucho tiempo en atender a Sarah y simplemente no podía con las entregas. Solo un milagro pudo rescatarla de la crisis económica. Con una máquina de coser viejita, heredada por su madre comenzó con remiendos de ropa, mientras la niña dormía. Los clientes comenzaron a llegar. Ella sacrificaba sus noches de descanso para sacar adelante los compromisos.

Contrario a todo pronóstico médico al momento del nacimiento, la niña sobrevivió no solo un día, ni una semana, ni un año. Hoy tiene 16 años de edad. En plena adolescencia, Sarah ahora enfrenta otro doloroso desafío al no contar con tono muscular, una escoliosis se le agravó, su columna vertebral está completamente desviada, lo que le genera fuertes dolores. Una amiga le prestó una silla de ruedas especial que cuesta 100 mil pesos, mientras su mamá le puede comprar la propia.

En el rostro de Sarah se marcan grandes ojeras porque los dolores son tan fuertes que muchas veces no puede dormir, necesita con urgencia una intervención quirúrgica para corregir su columna, cuesta 500 mil pesos. Cada año, una asociación civil llamada ReEspalda, escoge a nueve niños de escasos recursos, y este año Sarah es una de las afortunadas, así que la operación podría costarles solo 110 mil pesos, gracias a que médicos generosos ofrecen su talento gratis.

El problema es que hay que comprar todos los insumos médicos y pagar el hospital, se debe conseguir el dinero pronto porque la operación está programada para la tercera semana de agosto.

Blanca trabaja día y noche, atendiendo a Sarah y haciendo las reparaciones de costura. Los fines de semana en lugar de descansar, vende ropa en un tianguis y hace rifas entre las amigas para conseguir lo más que pueda de dinero. Obviamente aún no completa los 110 mil pesos, pero no se rinde.

Ella explica que no tiene tiempo para deprimirse, está concentrada en su hija. Varias noches destina tiempo para su terapia de llanto. “Lloro, pero de cansancio. Temprano me limpio las lágrimas y a seguir adelante”, reconoce.

Aunque Sarah no puede hablar, Blanca está segura de que es feliz. Al verla sonreír, olvida todo agobio. La abraza y le da un delicado y prolongado beso en la mejilla, mientras Sarah aprovecha para jalar el cabello de su madre.

Sarah ha sacado lo mejor de mí. Así la quiero. Lo único que busco es que sea feliz, a mí ya no me importa si camina o habla; que sea feliz, así como es, pero sin dolor”, termina diciendo la abnegada madre.

Usted, querido lector, puede ayudar para que a la pequeña se le practique esa operación quirúrgica. Todas las aportaciones voluntarias se reciben en esta cuenta bancaria a nombre de Sarah Ximena Chávez González, Banorte Cuenta 02089 35854 / CLABE 072 320 0020 893544 / TARJETA 4765 8820 7304 6003

Adriana Luna adriana@notiemp.com Periodista multimedia con 25 años de ejercicio profesional. Secretaria de Acción Femenil en el Sindicato Industrial de Trabajadores y Artistas de Televisión y Radio, Similares y Conexos de la República Mexicana, (SITATYR) sección Guadalajara. Secretaria General del Club de Periodistas de Jalisco. Curiosa en todo, experta en nada. Mujer antagónica en sí misma, con el corazón parecido a la Madre Teresa y con un genio como el de Margaret Thatcher. 

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