«MIRADA GLOBAL»: La impactante “libertad del diablo”

Víctimas y victimarios traen el mismo rostro: el de una máscara de látex como las que utilizan las personas quemadas, que solo les permite ver ojos y boca. Todos ven ante la cámara que no capta ninguna otra expresión porque en el horror del narcotráfico y el crimen organizado no hace falta más que el tono de las palabras para sentir el dolor, la impotencia, el coraje, pero también la frialdad de quienes no se sabe cómo y por qué pero están ahí narrando que son sicarios y que después de la primera vez que se asesina ya todo se vuelve mecánico, tan mecánico que se pierden los números. Es el documental “La libertad del Diablo” de Everardo González, cuyo guión también fue obra del periodista Diego Osorno.

No hizo falta narración: los testimonios son tan elocuentes que desgarran al espectador. Son escasas las imágenes, pero también tan contundentes que pueden ser de cualquier lugar de la República azotado por el crimen organizado. Se puede escuchar la voz de una madre desesperada que ve cómo levantan a sus dos hijos, a la hija que también ve con impotencia cómo desaparece su madre. Y de pronto, bajo la misma máscara aquel que –se intuye– es un hombre muy joven que dice que es terrible cuando les “encargan” matar a niños. “Ni modo, el trabajo es el trabajo”.

La frialdad es escalofriante. También se escucha al policía, al soldado, a quienes ya no saben quiénes son buenos y malos en esa espiral de violencia. La sala donde se proyecta el documental está muda. Parece que los espectadores pierden el aliento. Hay quienes piensan para qué ver más violencia, si ya con la que se publica todos los días es suficiente. Tal vez tienen razón. Pero este documental, al menos en mi caso, lleva a reflexionar sobre cómo y por qué seres humanos tan jóvenes se involucran en esta espiral de violencia y crimen organizado. ¿Qué hicimos y qué no como sociedad para que esto esté ocurriendo todos los días? ¿Por qué cada vez parece que la violencia del crimen organizado se desborda y ya no hay control?

Una semana después de ver el documental viene el caso Tláhuac aquí en la Ciudad de México, territorio que pensábamos lejano a los bloqueos y ejecuciones y a los operativos federales. No faltan los eufemismos de que son “narcomenudistas”. No son cárteles, porque no tienen operaciones en otras entidades y menos a nivel internacional, se ufanan en aclarar las autoridades capitalinas y federales. Tal vez tienen razón, pero la violencia del crimen organizado es la misma; esa que provoca impotencia y terror, pero ya a unos cuántos kilómetros de las sedes del gobierno de la capital y del país.

La libertad del Diablo” es un documental que vale la pena ver. Tal vez sea necesario sacudirnos la conciencia y preguntarnos por qué hemos llegado hasta donde estamos y qué nos falta por ver.

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