«ELLAS EN EL RETROVISOR»: Las secretarias

A cargo del inolvidable cuarteto Mocedades, la primera apología a la secretaria que recuerdo fue una canción que marcó los años setenta en la cultura popular hispanoamericana.

De manera romántica, aquel grupo español hablaba de ese rol de las mujeres que se hacen cargo de casi todo en la atención a un jefe varón.

La reinvindicación melosa que entonces se hizo de las secretarias continuó recreándose en las telenovelas.

Durante  muchos  años ellas fueron las protagonistas de historias que daban por válidos y únicos los roles tradicionales de nuestra sociedad machista.

Sin desdeñar el reconocimiento que las expresiones de la cultura masificada hicieron de las secretarias, hoy es importante hablar en voz alta de los prejuicios y de los lugares comunes que pretenden minimizar la aportación de esas mexicanas comprometidas con su labor.

Porque en nuestra sociedad clasista, racista y excluyente es común escuchar: “es una pinche secre…” , “sólo es una secretaria”, “se viste como una vil”.

En ocasión del Día Nacional de la Secretaria, celebrado ayer, como cada tercer miércoles de julio, me llena de gozo constatar que hoy México festeja a las miles de mujeres que son el soporte técnico, intelectual, administrativo y emocional de diversas tareas donde ellas resultan indispensables.

Se trata de jóvenes, señoras, solteras, casadas, divorciadas, hipsters, estudiantes, maestras, liberales, conservadoras, madres jefas de familia, mujeres diversas, que sostienen con su creatividad,  ingenio, encanto y esfuerzo el día con día de miles de empresas privadas, instancias públicas y experimentos sociales de este México plural.

A diferencia de los tiempos en que cantábamos a Mocedades, hoy hablar de las secretarias no es más un relato de esclavitud, supeditación y renuncia.

Por el contrario, cuando hablamos de ellas estamos dando cuenta del empuje de una generación de mujeres dispuestas a defender la fortaleza de sus aportaciones y a distinguirse de sus estoicas y sufridas madres y abuelas.

Atrás quedaron aquellos clichés clasistas que ninguneaban a nuestras secretarias desde el discurso conservador que divide a la sociedad entre los empleadores y los empleados.

Porque en una sociedad capitalista compleja, donde todos somos eslabón de una cadena de servicios, en la que cobramos un salario por nuestra fuerza de trabajo, el trabajo de las mujeres es signo de equidad, esfuerzo y cambio.

Por eso hoy, en la semana del reconocimiento a las secretarias, cuestionamos las expresiones discriminatorias y festejamos la capacidad transformadora de una sociedad orgullosa de sus mujeres activas, resueltas y propietarias de su destino.

Y es que ahí donde las secretarias mandan, se impone el proverbio popular: “mujer que no da dinero, da mala suerte”.

 

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