«ELLAS EN EL RETROVISOR»: Violencia mediática, la burla tolerada

Estoy convencida que en la lucha feminista, el pronunciamiento de la injusticia y la falta de igualdad es siempre el primer paso hacia el cambio.

Por eso nunca minimizo el debate que se da en el Congreso para visibilizar esas situaciones de inequidad que pasan desapercibidas por nuestra ancestral cultura machista.

Como periodista he tenido el privilegio de seguir la ruta de diversos deseos de justicia que luego se volvieron propuesta legislativa, después materia de discusión pública, hasta terminar establecidos como derechos.

Es el caso del derecho a la interrupción legal y voluntaria del embarazo; de las llamadas cuotas de género en las listas a cargos de elección popular; del principio de equidad que ahora debe darse en éstas, entre otros avances.

Así que siempre que se modifica una ley para incorporar una nueva garantía o se tipifica una situación como violatoria de ésta, recuerdo cómo otras tantas iniciativas que inicialmente fueron ninguneadas, terminaron siendo cambios de vanguardia social.

Y ese fue mi sentir esta semana cuando se publicó el decreto por el que se incorporaron dos modalidades relevantes a la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en la CDMX: la violencia simbólica y la violencia mediática.

Aprobada por el pleno de la Asamblea Legislativa de la capital del país el 23 de mayo anterior, la reforma “establece como uno de los tipos de violencia contra las mujeres, la Violencia Simbólica, considerada como la que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos, transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad”.

Fue la diputada Mariana Moguel, presidenta del PRI en la CDMX, quien impulsó y cabildeó estos cambios que en la Ley citada define ahora a la Violencia mediática como “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio de comunicación local, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.

Se trata de un paso significativo en la interminable tarea de visibilizar lo que de manera cotidiana consideramos normal, como son las burlas y descalificaciones, en horario televisivo estelar, de las características físicas de personajes femeninos.

La claridad de la joven Mariana Moguel en la argumentación de este cambio debe ser compartida ahora para quienes, reacios a reconocer estas modalidades de violencia, incurrirán en el escarnio y en la fácil impugnación de que “esas son cosas de feminazis”.

Pero el tema es crucial porque, como lo señala la promotora de estos cambios, “no podemos olvidar que cualquier tipo de violencia contra la mujer es, ante todo, una violación a los derechos humanos y a sus libertades”.

Para Mariana Moguel, “cuando hablamos de violencias contra las mujeres, estamos reconociendo que existe una cultura de violencia que no solo se hace presente con sus manifestaciones más visibles”

Porque, expone la política priista, “aún en sus formas más cotidianas, hay modos y tipos de ejercer violencia que permanecen –social o emocionalmente– invisibilizados”.

Al presentar esta iniciativa que se volvió ley, la diputada Moguel sostuvo que la contraposición a la paz no es la guerra, sino la relación violencia-miedo-indiferencia.

Y es que “con la violencia gana el más fuerte y con la paz siempre gana el más justo”.

Por eso es importante que ante la indiferencia, se reivindiquen los derechos y se pronuncien las injusticias.

En este espacio coincidimos con este cambio y las palabras de su promotora: “es de suma importancia afrontar las violencias culturales o simbólicas presentes en el lenguaje o imágenes en las redes sociales e Internet, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento”.

No se vale el silencio. Y menos la carcajada cómplice de supuestos chistes virales y memes de moda, a costa de la integridad de las mujeres. 

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