«ELLAS EN EL RETROVISOR»: Víctimas, victimadas y victimarias

Desde junio pasado, nuestra trama pública femenina se ha escrito con sangre.

Ninguna protagonista de la vida política o cultural ha conseguido ser noticia.

Las primeras planas, los noticiarios de televisión y las historias virales le han dado paso a mujeres víctimas, victimarias, victimadas y en ocasiones heroicas.

El hilo de sangre no nos ha dejado en paz desde que Valeria N desapareció en la combi donde la dejó su padre, a plena luz del día, en Ciudad Nezahualcóyotl.

Supimos entonces que el feminicidio nos ronda y que los protocolos son una farsa frente a la impunidad de ministerios públicos y cárceles.

Y para recordarnos que las promesas de rectificación de las autoridades no son otra cosa que mentiras de gobierno, esta semana Marisol, otra adolescente mexiquense, fue violada en un transporte colectivo de Los Reyes La Paz.

La pesadilla de la inseguridad para las jóvenes es contada por ella misma que logró sobrevivir a las manos de su agresor, dispuesto a ahorcarla.

Pero junio también nos dejó la historia de una asesina. Aun cuando hubo apologías a la madre agobiada por el litigio en los juzgados, también supimos que Mireya Agraz Cortés encarnó esa incapacidad del Estado para decir basta.

Porque esa mujer que, en complicidad de sus padres, asesinó a sus tres hijos es un recordatorio de que miles de niños en este país se encuentran en riesgo cuando la salud mental de sus progenitores los sacrifica y esclaviza.

La semana comenzó igualmente con sangre. En su consultorio, en Tijuana, mataron a la doctora Alma Angélica Ciani, de 40 años de edad, delante de sus dos hijos y su madre. Así, a sangre fría.

Y en seguida vino el grito de desesperación de Xitlalhi, quien antes de ser asesinada le escribió a un amigo un mensaje telefónico: “¡Mi vecino se brincó la barda, ayúdame! Tenía 19 años y un bebé que se quedó llorando. La joven radicada en el municipio de Xalisco, en Nayarti, fue degollada.

Frente al luto y el reclamo de justicia, el caso de Itzel punza como evidencia de la legítima defensa propia. Porque esa niña de 15 años que acuchilló a su violador apenas hace unos días dejó la cárcel, donde la equívoca procuraduría capitalina pretendió refundirla.

¿Es que la violencia criminal le abrió camino a esta violencia de conductores que violan niñas y madres, atrapadas en su laberinto, que asesinan a sus hijos?

¿O es que nos acostumbramos a los ajusticiamientos y cobro de cuentas entre delincuentes, y ahora damos visibilidad a la otra violencia, a esa que se alimenta del permiso para matar?

Al final, se trata de la misma tragedia social, del mismo escándalo nacional: hoy en México, la vida frágil se rompe en cualquier esquina donde otro decide apretar “el gatillo” o asfixiar a la muchacha que violó.

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