«CUARTO PISO»: Triunfos sin legitimidad

Las pasadas elecciones, especialmente en el Estado de México y Coahuila allanaron el camino para el rechazo de los ciudadanos de acudir a las urnas.

Más allá de pensar que fueron unas elecciones cerradas, los ciudadanos han manifestado su animadversión por la manera turbia en la que se desarrollaron y se levantó la mano al ganador.

De por sí, la confianza de los electores iba a la baja, pues con mayor razón ahora que pasarán al terreno judicial. Este escenario de litigio abre diversas hipótesis, desde los malos perdedores, triunfadores sospechosos, ciudadanos desconfiados, autoridades irresponsables y hasta vigilantes omisos. Pero deja abierta la puerta para una inmediata y socorrida solución, la segunda vuelta. ¿Porqué? Por que quienes ganaron tuvieron el rechazo de casi el 70% de los votantes y quienes perdieron exigen anular la votación.

Ni con las constancias de mayoría que recibieron Alfredo del Mazo en el Estado de México y Miguel Ángel Riquelme en Coahuila el Partido Revolucionario Institucional podrá estar tranquilo. Al contrario, parecería que contribuye al incremento del mal humor social y hartazgo que debería preocuparle porque en las urnas, aunque haya ganado, según las autoridades electorales, la manifestación de rechazo aumentó.

Los adversarios no se quedarán con los brazos caídos, seguirán con el discurso de las “cochinadas” que utilizaron para las elecciones. Aunque ningún partido sale bien librado del pasado 4 de junio.

Clientelismo electoral, financiamiento ilegal, rebase de gastos de campaña, millonarios recursos en efectivo el día de la elección, mapaches y otras linduras, que en menor o mayor medida, tanto unos como otros recurren a ellos.

Previo a la elección del 2018, que se advierte compleja y competida, lo que menos necesitábamos eran unas elecciones desaseadas y cuestionadas, donde se pusiera en duda al árbitro electoral y sobre todo a los famosos OPLES (Organismo Público Local Electoral).

En el 2018 no sólo se elige presidente de la Republica, también ocho gobernadores, Jefe de Gobierno en la Ciudad de México, 128 senadores, 500 diputados federales, ayuntamientos y diputados locales, en 29 entidades. No será sencillo y tampoco es difícil imaginar la cantidad de conflictos post electorales que se avecinan con campañas y elecciones como las recientes.

Lamentablemente ya no hay tiempo para impulsar la segunda vuelta. El proceso electoral para el 2018 arranca el uno de septiembre de 2017. Una reforma de ese tamaño debe ser aprobada por ambas cámaras, también por la mayoría de los congresos locales y promulgarse 90 días antes del inicio del proceso. Imposible.

Por ello, llama la atención que de último minuto Ricardo Anaya, dirigente nacional del PAN, haya planteado la segunda vuelta para la elección presidencial. Inmediatamente los priistas lo rechazaron y calificaron como una cortina de humo frente a la derrota en Coahuila y la desesperación de Anaya ante sus deseos presidenciales.

El hecho es que cuando pudieron no quisieron. Así de simple.

En el 2000, Vicente Fox ganó con el 42.52%. En 2006, Felipe Calderón obtuvo el 35.89%. En 2012, Enrique Peña llegó a la presidencia con el 38.21%. Ninguno tuvo la mitad más uno.

La tendencia muestra que quien gane una elección será por un tercio o por un cuarto de la votación.

Lo urgente es que lo haga con la mayor legitimidad y representatividad posible. Para eso estaba la segunda vuelta, pero no. ¿O será que una coalición logrará lo que no hará la segunda vuelta? ¿O un candidato independiente arrasará? Sin segunda vuelta no queda más que una alianza, pero ¿quién con quién?

 La soberbia de algunos que no aprenden de sus errores… ya señalaron con la espada a los que no quieren. Otros se pelean duro y feo por la candidatura, pero en una alianza nadie se las garantiza. Unos ni siquiera tienen candidato y además no están en su mejor momento, las urnas lo manifestaron. Otros más no tienen candidato y sin alianza es imposible que ganen algo.

¿O de verdad, un independiente será la solución?

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