«DOLCE ÁLTER EGO»: Warhol, entre Campbells y Jumex

Los cuadros más famosos del hombre que elevó al arte sus imágenes sobre productos de consumo e íconos del cine y la política de su época han llegado al Museo Jumex de la CDMX, donde serán exhibidos bajo el título “Andy Warhol. Estrella oscura”.

Desde este viernes 2 de junio y hasta el próximo 17 de septiembre, podremos admirar o divertirnos con más de 100 piezas (entre cuadros, serigrafías, fotografías, escultura y videos) creadas por el artista plástico durante la década de los 60, entre las que destacan los retratos de sus tres musas“: Marilyn Monroe, Jackie Kennedy y Liz Taylor y sus famosísimas latas de sopa Campbell’s.

La exposición, que se exhibe con tal despliegue por primera vez en México y América Latina, ha sido producida en el país por el Museo Jumex, bajo la curaduría del estadounidense Douglas Fogle, con obras prestadas por 18 museos de todo el mundo, como el Whitney y el MOMA de Nueva York o por el propio Warhol Museum de Pittsburgh.

En cuanto tuve noticia de su llegada a México, recordé que siendo niña me llamaba poderosamente la atención un libro de mi padre titulado “Pop art”, en cuya portada aparecía el bello rostro de Marylin en vívidos tonos rosa y amarillo. Hojeaba sus páginas y siempre me detenía en la imagen de la sopa de tomate Campbell’s. Jamás había visto una y mucho menos probado su contenido, hasta que llegué a México, siendo una adolescente tercermundista.

La Crema de Hongos –estilo entrante de un menú para fiesta popular de 15 años– se me atoró en la garganta como algo verdaderamente incomible. Los trocitos de nata nadando en el plato con un fuerte sabor ahumado no me permitían comprender por qué esa sopa era algo tan venerado por los gringos.

Más tarde, cuando tuve oportunidad de estudiar algo de arte, entendí que era justamente eso lo que Warhol había querido plasmar en su obra: la representación de un objeto mundano, símbolo de los alimentos ingeridos por el americano promedio, ícono de la sociedad de consumo a la que pertenecía.

Y cuando cumplí el sueño de admirar los 32 lienzos con las imágenes de las distintas variedades de sopa Campbell’s en el MOMA (dispuestas por el museo de acuerdo al orden cronológico en que la marca lanzó los diferentes sabores), me asaltó una duda: ¿cuál sería la motivación que llevaría al artista a pintar ese producto alimenticio y no otro?

De acuerdo con la ficha técnica debajo de la monumental obra, se lee: “Cuando Warhol exhibió sus latas de sopa por primera vez en 1962, las dispuso sobre la pared, tal y como éstas aparecían en un anaquel de supermercado. Y, los 32 cuadros (cada uno de 40 cm. x 50 cm.) en su conjunto, correspondían a la variedad de sopas que la compañía vendía en ese momento”.

La exposición ahí mencionada tuvo lugar en la Ferus Gallery de Los Angeles, siendo la primera que Warhol presentó de manera individual. Sus 32 sopas causaron repudio y sorpresa a la vez. Un crítico de Los Angeles Times escribió: “Este joven artista es un tonto desinformado o un charlatán testarudo”.

Pero también hubo quienes lograron observar en el artista a una genialidad, y en su obra, al futuro de las artes plásticas. Las pinturas con latas de sopa se vendieron entonces a un precio irrisorio comparado con el valor que han alcanzado 50 años después.

Warhol continuó pintando retratos de latas de sopa, individuales y en serie. Tres de ellas pueden ser contempladas en el Jumex: “Gran lata de sopa Campbells” de 1962, “Gran lata de sopa Campbells rasgada (pimentón)” de 1964 y “100 latas” de 1962.

Mi duda sobre la motivación warholiana tras la pintura de la sopa de tomate fue disipada por el mismísimo curador Douglas Fogle, en su explicación sobre el cuadro: “Warhol pintó una lata de sopa Campbell’s simple y sencillamente porque a él le gustaba la sopa, misma que su mamá le servía casi a diario cuando era un niño”. ¡Zas!

Y de eso se trata el arte pop, señoras y señores: no hay mística alguna, no hay filosofía encubierta, sólo realidad. Bueno, los puristas me reclamarían que lo que sí hay detrás es una ideología, la del american way of life. Y vaya que sí. Warhol fue el hijo de un matrimonio de obreros inmigrantes de Europa Oriental y, desde niño, se sintió fascinado por el mundo del glamour, la belleza y el dinero.

Después de graduarse en el programa de arte del Carnegie Institute of Technology, se mudó a NYC y logró cumplir con el sueño americano al convertirse en un artista comercial y publicista muy cotizado. Pero él quería pintar. Y pintando los objetos y sujetos que le producían fascinación se convirtió en el precursor del arte contemporáneo. Hoy, sus 32 latas representan un punto de quiebre en la historia del arte.

Pero la sopa no fue el único producto de consumo que Wharol volvió arte. También hizo pinturas de envases de Coca Cola, latas de atún (una de ellas exhibida en la Galería 2 del museo), botellas de salsa catsup y cajas de cereal.

El que viva sólo para comer, no significa que no pueda admirar el resto de su obra y por eso les comparto lo que más me gustó de la “Estrella oscura”.

El espacio dedicado a los retratos de Marilyn (Galería 3) con el mismo rostro, sonrisa y guiño en variados e intensos colores, fue uno de mis favoritos. Y uno de ellos resultó ser justo el que aparecía en la portada del libro de mi padre. Emoción infinita en rosa y amarillo. Aquí también podrán contemplar una enorme serigrafía titulada “Marilyn Monroe in black and white”, o “Veinticinco Marilyns”, en donde la bella rubia se desdibuja como un “perfecto ejemplo de una estrella devorada por la fama”.  

De sus musas, el cuadro más impactante es la serie dedicada a Jackie Keneddy en la Galería 2, bajo el título “Sixteen Jackies” (1964). En él confluyen el lado glamuroso y oscuro de la sociedad estadounidense. En la primera fila hay cuatro imágenes de la Jackie feliz, antes del asesinato de su esposo. En la segunda, la imagen de Jackie viuda, mirando al suelo. En tercera fila, el rostro enlutado de la primera dama, mirando a la nada. Moda y estilo, crimen y política, juntos. Esa dualidad que Warhol plasmó, tanto en su Liz Taylor en el papel de “Cleopatra” (presente en la exposición), como en la “Silla eléctrica” y la serie de “Los más buscados” (parte de ella, exhibida aquí). En este piso también está el enorme cuadro sobre Mao Tse-tung, con sus párpados pintados en azul vívido y labios carmesí.

A finales de los 70, Warhol no sólo era un famoso artista plástico, también era ya una celebridad que supo venderse como parte indisoluble de su obra. Recuerdo bien a mis primas mayores hojeando la edición mensual de Vanidades, fascinadas con las fotos de Warhol con sus enormes lentes abrazado de Bianca Jagger en el “Studio 54” de Manhattan. Fotografías como esa pueden admirarse en el sótano del museo, así como parte de los videos y filmes del artista y para lo cual se adaptó una sala con cómodos otomanos.

En la galería 1, no se pierdan sus primeros trabajos como ilustrador comercial. Hay una serie de dibujos sobre “tacones”, los mismos tipo “lady like” que hoy están de moda otra vez.

Lo que el Museo Jumex me hizo descubrir sobre Andy, fueron sus pinturas sobre “Flores”, de los que no tenía noticia. El cuadro con cuatro flores en rosa fucsia y naranja intenso sobre un verde selva, me enloqueció.

Saliendo de la exposición podrán adquirir souvenirs de edición especial, inspirados en las obras exhibidas, al más puro estilo del MOMA o el Whitney Museum: tazas-lata Campbells, imanes para el refri, la Barbie Warhol, post it, block de notas en pasta dura, reproducciones de Marilyn, Mao, Las flores, la lata de sopa, camisetas y una sombrilla de los más fashion con el diseño de las “bocas de Marilyn”. Por supuesto, también está a la venta el catálogo de la exposición, editado por la fundación Jumex (950 pesos).

Y lo que no podía faltar: Warhol para JUMEX. A partir de hoy y hasta septiembre próximo, la marca mexicana que más latas nos vende, ofrece una edición limitada de sus jugos “Único Fresco” en lata-botella, con las imágenes de Marilyn (sabor naranja), Liz Taylor (sabor jugo verde) y Vaca rosa (sabor arándano). Disponibles en cualquier supermercado al precio de siempre. Yo ya disfruté de la mía en sabor Marilyn.

Advertencia y paradoja: Las obras del artista precursor del “momentum mediático”, del que predijo que “en el futuro cualquiera podrá tener 15 minutos de fama”, no podrán ser fotografiadas bajo ninguna circunstancia por derechos de autor con la fundación Warhol. Cero selfies con la Marilyn, las latas o Mao.

 

 

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Museo Jumex. Miguel de Cervantes Saavedra 303, Col. Granada.
Del 2 de junio al 17 de septiembre.
Admisión: $30 pesos general, $15 pesos docentes con credencial vigente. Entrada gratuita a estudiantes, adultos mayores y menores de 15 años.

 

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