«METAMORFOSIS»: ¿Amnistía a cambio de justicia?

Los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa perseguirán no solamente al líder de MORENA, Andrés Manuel López Obrador, como sucedió hace unos días durante su visita a Nueva York, sino también al gobierno federal, de Enrique Peña Nieto, que no ha dado respuesta a lo sucedido la noche del 26 de septiembre de 2014 cuando los estudiantes salieron para no regresar. Quien llegue a la Presidencia en las elecciones del 2018, tendrá que hacer justicia o mantener en la impunidad la muerte de los jóvenes.

La tormenta social y política que causó la desaparición de los normalistas en la ciudad de Iguala, Guerrero, parecía haberse convertido en una pertinaz lluvia que, de no ser por el señor Antonio Tizapa, padre de unos de los estudiantes más buscados, hubiera pasado al olvido. Sin embargo, su exigencia de saber la verdad lo llevó a enfrentar al candidato presidencial de MORENA en un evento proselitista –más que de apoyo a la persecuciónón de migrantes por parte de Donald Trump– en un frío día donde López Obrador sufrió la metamorfosis y salió de nuevo su faceta de intolerante y soberbio.

Acostumbrado a que le rindan pleitesía, no aguantó las acusaciones de Tizapa de ser corresponsable de la desaparición de los normalistas por haber permitido, aceptado y apoyado que el entonces perredista José Luis Abarca fuera el candidato del PRD a la Presidencia Municipal de Iguala. En ningún momento el humilde señor lo acusó de haber matado a los jóvenes, sólo exigía saber, con justa razón, de la relación del líder de MORENA con Abarca y el entonces gobernador Ángel Aguirre Rivero.

La respuesta fue contundente: López Obrador lo acusó de “provocador” y lo envió a preguntarle al Ejército mexicano y al presidente Enrique Peña Nieto qué habían hecho no sólo con su hijo sino con los demás estudiantes rurales. Con un gesto de enorme molestia le reiteró varias veces al dolido padre que era un provocador y se alejó en una camioneta a toda prisa en una de las calles neoyorkinas donde minutos antes hablaba de felicidad, amor y respeto ante un grupo de inmigrantes.

Nadie, diría, puede acusar al líder de MORENA de estar involucrado en la terrible desaparición y muerte de los jóvenes normalistas. De acuerdo a lo escrito por la periodista Anabel Hernández en su libro “La verdadera noche de Iguala”, sí fue el Ejército quien despareció a los muchachos porque descubrieron que los camiones en donde iban llevaban heroína. Peña Nieto no sólo cubrió lo hecho por los soldados esa noche, sino pidió a los entonces procuradores de la República José Murillo Karam y Areli Gómez borrar toda evidencia que los involucrara.

Quizá de la investigación hecha por la periodista surja que López Obrador crea que el Ejército y Peña Nieto deban responder a las preguntas de los familiares de los 43 jóvenes, desparecidos para unos y asesinados para otros. Aquí la cuestión no sólo es creer sino buscar la verdad y hacer justicia tanto a los estudiantes como a los padres que día a día viven un viacrucis en la búsqueda de sus hijos, pidiendo que les sean devueltos.

En este caso, que trascendió fronteras y es conocido mundialmente, no se puede hablar de “amor y paz”, como dice el puntero en las encuestas electorales para suceder en la presidencia a Enrique Peña Nieto. Andrés Manuel López Obrador ha dicho durante sus más de 15 años de campaña que con él gobernando México no habrá corrupción, no habrá delincuencia, no habrá impunidad.

No obstante, se contradice al asegurar que no es un hombre de odios, de rencores, de venganzas. Hay que recordarle al candidato de MORENA que no es una cuestión personal: a los mexicanos no nos interesa si tiene o no resentimientos, nos interesa tener un Presidente que dirija el destino del país por el camino de la justicia y de la igualdad porque ya estamos cansados de abusos de políticos que para llegar al poder prometen hasta bajar el reino de la esperanza, la felicidad, la alegría y el amor.

Los estudiantes de Ayotzinapa claman justicia; sus padres exigen justicia; la sociedad pide justicia… En este caso y en muchos más no cabe el olvido, el perdón ni la impunidad, mucho menos la inmunidad. Quien piense así no merece ser Presidente de un país tan golpeado, de un pueblo noble que pone las dos mejillas para que lo lastimen. No queremos un Presidente que con tal de sentarse en la silla presidencial cubra la corrupción, abuso, crecimiento del crimen organizado y demás fechorías de su antecesor. ¡Queremos Justicia!

Elena Chávez. Estudió periodismo en la escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito los libros “Ángeles Abandonados” y “Elisa, el diagnóstico final”. Reportera en diversos diarios como Excélsior, Ovaciones, UnomásUno; cubrió diferentes fuentes de información. Servidora Pública en el Gobierno del Distrito Federal y actualmente   Diputada Constituyente externa por el PRD. 

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