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«A CONTRALUZ»: EU consiguió mano de obra barata

¿Cómo les fue a los trabajadores mexicanos a raíz de la entrada en vigor del TLC? 

“Los que Estados Unidos quiere es mano de obra barata mexicana”, dijo categórica mi maestra de Historia meses antes de la firma del TLC. La frase se me grabó y desde esos primeros años de la década de los noventa, me quedó claro que los menos beneficiados del famoso libre comercio que Carlos Salinas nos vendió como la panacea, serían los trabajadores de México, Estados Unidos y Canadá.

 

La circunstancia que enfrentamos ahora en la que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenaza con una renegociación del TLC y el secretario de economía, Ildefonso Guajardo, anuncia que si “no nos conviene, nos salimos”, nos hace reflexionar sobre a quién ha beneficiado el tratado y en qué dirección tendría que ir la renegociación.

 

Como reportera me tocó estar en muchas inauguraciones de plantas automotrices en San Luis Potosí, Aguascalientes, etcétera, donde se veía a un orgulloso presidente, primero Felipe Calderón y después Enrique Peña Nieto, que se “felicitaba” a sí mismo –sí, aunque usted no lo crea, los presidentes mexicanos se autofelicitan o se autocongratulan continuamente– por su capacidad de atraer inversión extranjera.

 

No tengo nada en contra de la inversión extranjera per se, y estoy consciente de la impresionante industria automotriz binacional que se construyó a raíz de la firma del TLC, pero ¿Y los trabajadores? ¿Cómo les fue a los trabajadores mexicanos a raíz de la entrada en vigor del TLC? ¿Qué pasó con sus salarios y con su calidad de vida?

 

El número de maquiladoras en los estados del norte del país se duplicó a raíz del 93 y las condiciones de trabajo empeoraron, nadie mejor para explicarlo que la líder del Comité Fronterizo de Obreras, Julia Quiñones, que en junio de 2006 le concedió una entrevista al portal de noticias ‘Gloobal Hoy’, aquí un fragmento:

 

“Nosotros podemos afirmar categóricamente que las condiciones de trabajo para los trabajadores en las maquiladoras han empeorado –desde el inicio del TLC-. Incluso las plantas que con los años habían alcanzado mejores prestaciones y salarios, se comenzaron a ir hacia el sur, al interior de México, donde los salarios eran mucho peores y las condiciones de trabajo también eran mucho más difíciles para los trabajadores, especialmente en las zonas rurales”, dijo al entrevistador.

 

Julia describió que las ciudades donde están las maquiladoras, están sobresaturadas, no tienen infraestructura, “los trabajadores siguen viviendo en casas de cartón, construidas muchas veces con los mismos desechos de las maquiladoras, sin ningún tipo de servicio como agua, luz y drenaje”.

 

A los campesinos mexicanos tampoco les fue nada bien con el TLC. En enero de 2008, los diputados de la comisión de Agricultura y Ganadería tuvieron que reconocer en un reporte del tema, que ya el TLC había tenido efectos desastrosos: el financiamiento al campo mexicano por parte del gobierno federal se había reducido en 90%, se había eliminado la producción de semillas mejoradas y la inversión en tecnologías agroalimentarias casi había desaparecido.

 

En este momento de renegociación del TLC al que nos ha obligado Donald Trump, los gobernantes y estrategas mexicanos están obligados a pensar, ahora sí, en las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y agricultores mexicanos, sin importar las presiones a las que estarán sometidos.

 

El descontento social al que ha llegado el país los obliga a eso, y a nivel sociedad, estamos obligados a exigirles una renegociación al nivel de las necesidades de los trabajadores.

 

Pero la clave no sólo está en el TLC, sino en las leyes laborales dentro del país, en el respeto por los derechos humanos de los trabajadores y en recordar que sin un campo fuerte y autonomía alimentaria, no hay país que pueda defender su soberanía. 

 

Georgina Olson. Reportera, apasionada por la investigación; afición que abarca desde reportajes de la Venezuela chavista, pasando por el tráfico de armas, la migración centroamericana, hasta la explotación del oro mexicano por los consorcios mineros internacionales. Es licenciada en Relaciones internacionales por la Universidad de las Américas, maestra en Periodismo por la Universidad del Rey Juan Carlos de Madrid-Agencia EFE. En 2010, The Woodrow Wilson Center y The Washington Post la becaron para realizar una investigación sobre tráfico de armas de EU a México, publicada en Excélsior.

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